Del diario al escenario: cómo escribir un diario me ayudó a vencer mis miedos

A veces todavía me despierto con la mandíbula apretada.

Tengo la cabeza pesada, demasiados pensamientos, no puedo ponerla en modo avión.

Ya sé qué hacer: me levanto, preparo el café y empiezo a escribir.

Escribir es lo único que me permite despejar la mente, dejar la mochila y estirar las piernas, darme cuenta de quién soy, dónde estoy y qué estoy haciendo.

Y lo más importante, comprendan por qué lo hago.

A veces es difícil ser honesto incluso con uno mismo.

No es fácil acostumbrarse a la verdad, sentir ese nudo en la garganta que se forma al escribir, sentirse desnudo frente a una hoja de papel llena. 

Escribir como compañero de vida

Comencé a escribir diarios cuando tenía 12 años.

Mi letra era diminuta, comprensible solo para mí.

Durante años, esas páginas fueron los únicos testigos de mi mundo interior.

Años después, esos diarios se convertirían en poemas, y los poemas en canciones.

Escribir un diario es un acto de libertad; no tienes que complacer a nadie, no tienes que responder correctamente, no tienes que ser lo que los demás esperan de ti .

Te estás tomando el tiempo para mirar en tu interior, para comprender cómo eres, para viajar con tu mente y profundizar.

Es una forma de crear un refugio seguro en un mundo de sobreexposición.

¿Cuándo fue la última vez que te tomaste una foto solo para ti, sin pensar en publicarla?

Quizás el exceso de información personal nos ha restado espontaneidad; tendemos a compartir cada experiencia.

En parte por vanidad, en parte por deseo de aprobación, tal vez incluso por costumbre.

Pero un día me pregunté: ¿sería posible publicar algún día mis diarios?

La respuesta fue inmediata: no, jamás haría eso.

Y sonreí.

Escribir un diario: un refugio seguro y un puente hacia los demás.

Al escribir un diario, creas un refugio seguro, un lugar solo para ti.

Una hoja de papel que puedes quemar y olvidar, o un cuaderno lleno de palabras que necesitas escuchar.

Ese secreto que has guardado dentro de ti durante 30 años y que nunca le has contado a nadie.

De niño, solía vomitar antes de las obras de teatro del jardín de infancia y no conseguía hacer amigos.

Era inquieta, hiperactiva y leía mucho.

Había algo que me impedía conectar con los demás, dar forma a mis pensamientos.

Tal vez era el miedo a no ser comprendido, tal vez era simplemente inseguridad.

¿Cómo se pasa de ser un adolescente introvertido a poder compartir las emociones más profundas con cientos de personas?

La respuesta está ahí, en una pila de diarios, agendas y cuadernos.

Contar mi historia sin filtros me ayudó a verme mejor y a comprender que quizás no era tan diferente de los demás.

Hay una canción que escribí, trata sobre las expectativas que una madre tiene de su hija.

A veces me emociono hasta las lágrimas cuando la canto en el escenario, y el público se emociona conmigo.

Me encuentro cantando mis canciones frente a cientos de desconocidos, y me doy cuenta de que mis miedos son los miedos de los demás, que mis emociones son las emociones de los demás.

Que todas las palabras que he escrito a lo largo de los años me han ayudado a comprender que yo, con mis palabras, podía transmitir una emoción.

Escribí cartas cuando no podía usar mi voz, escribí canciones cuando las palabras no eran suficientes, encontré mi manera de llegar a los demás y de permitir que otros llegaran a mí.

Escritura y claridad de pensamiento

¿Sabes qué es la inteligencia emocional?

Según Daniel Goleman, se trata de la capacidad de reconocer, comprender, gestionar y utilizar las emociones, tanto las propias como las ajenas, de forma eficaz y constructiva.

Detente un momento y piensa en la gente que te rodea: tu familia, tus amigos, tus compañeros de trabajo.

¿Cuántos de ellos pueden entender cómo eres?

¿Y tú, sabes cómo eres?

Estamos tan acostumbrados a las prisas, a ser bombardeados constantemente por estímulos, que ya no nos vemos a nosotros mismos.

Solo sentimos esa fuerte opresión en el pecho que de vez en cuando nos roba el aliento.

Nos sentimos abrumados y no tenemos ni idea de cómo salir de esta situación.

Cómo escribir un diario ayuda a superar los miedos

Los problemas matemáticos complejos se resuelven dividiéndolos en muchos segmentos pequeños, de modo que puedan analizarse y resolverse individualmente.

Escribir un diario funciona de la misma manera: describir cómo te sientes, compartir un problema, hacer una lista de tus metas o éxitos te ayuda a concentrarte en todo lo que te rodea y en tu interior.

Las palabras a menudo te vienen a la mente por sí solas, y solo al escribir comprendes realmente lo que querías decir, porque estabas tan lleno de pensamientos que no había espacio para ti, para tus palabras.

Comprenderte mejor a ti mismo te ayudará a comprender mejor a quienes te rodean.

Creo firmemente que los miedos que albergamos están ligados a la incertidumbre del futuro.

Tenemos miedo de no estar a la altura, de no poder afrontar una situación, de reaccionar mal ante una noticia.

Tenemos miedo de tomar la decisión equivocada.

No podemos predecir el futuro, pero podemos estar preparados.

Elaborar una lista de pros y contras, imaginar diferentes escenarios posibles y sumergirse en la posibilidad de que las cosas salgan mal ayuda a mantenerse preparado.

Conviertes algo irracional en algo racional.

¿Cuál es el peor escenario posible?

Una vez que estés preparado para eso, estarás preparado para cualquier cosa.

Y vivir la vida con menos miedo.

Puede que se avecine una tormenta, pero estoy preparado.

¿Qué te lo impide?

En los últimos años he comprendido una verdad importante: a veces somos nosotros mismos quienes nos impedimos ser felices.

No tenemos el valor de cambiar ni de dar el primer paso en una dirección determinada.

Sentirse mal es algo común para muchos, y quejarse nos hace sentir que formamos parte de algo.

Pero nos hace perder el contacto con nosotros mismos.

Volver a conectar con nosotros mismos da miedo, porque corremos el riesgo de darnos cuenta de lo infelices que somos.

Pero ¿y si mirar en nuestro interior fuera el primer paso hacia la felicidad?

¿Y si para ser feliz bastaran 10 minutos al día pensando en ti mismo, solo en ti mismo y en nada más que en ti mismo?

Quizás resulte difícil de creer que un cuaderno y un bolígrafo sean suficientes para sentirse mejor.

Tal vez sea fácil decirnos a nosotros mismos que no es suficiente, porque de esa manera podemos quedarnos donde estamos.

Pero, ¿adónde quieres ir?

Intenta coger un bolígrafo y un trozo de papel.

No escribir bien.

Pero para encontrar tu verdad.

Sara Velardo – Músico y Redactor

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