
¿Alguna vez te pasó de tener una mañana ligeramente más libre, sin ningún compromiso urgente, y sentirte cansado de todos modos?
No cansado físicamente… sino cansado por dentro. Tipo un poco lleno de cosas en qué pensar. Un poco en sobrecarga… Como si, incluso sin hacer nada, hubiera demasiado que gestionar. Demasiado en qué pensar. En esos momentos pensamos seguido que necesitamos más tiempo. Más horas. Más organización. Pero quizás no sea eso lo que nos falta. Quizás, lo que nos falta de verdad, es más espacio mental. Dejá que te explique mejor.
Cuando la mente está llena, incluso el tiempo parece no alcanzar
Vivimos días en los que todo y todos corren. Pensamientos, compromisos, estímulos. Por no hablar de las personas.
Estamos conectados, disponibles, activos; y sin embargo, mentalmente agotados. A veces buscamos soluciones en la productividad: listas de cosas por hacer, rutinas y aplicaciones.
Pero si incluso en el tiempo libre nos sentimos abrumados, quizás el nudo esté en otra parte. El verdadero problema no es cuánto tiempo tenemos, sino cómo estamos dentro de ese tiempo. And cuando dentro de «ese tiempo» hay demasiado «ruido», incluso una hora vacía nos puede parecer opresiva. Pero partamos respondiendo a una pregunta:
¿Qué es realmente el espacio mental?
El espacio mental no es un lujo ni algo abstracto.
Es el respiro que nos concedemos entre un pensamiento y el otro. La posibilidad de bajar un cambio, de sentir, de observar sin tener que reaccionar enseguida. Es una zona franca donde no tenemos que hacer nada, solo estar.
Un lugar interno donde podemos depositar lo que nos pesa, reconocerlo y decidir si mantenerlo o dejarlo ir. Tener espacio mental no significa tener días vacíos.
Significa sentirnos más livianos por dentro, incluso cuando la vida afuera está llena.
La sobrecarga invisible que llevamos encima
Seguido nos preguntamos por qué estamos tan cansados, aunque no hayamos hecho nada físicamente exigente. ¿Te pasó alguna vez? Bueno, tranquilo/a, ¡le pasa a todos! La verdad es que nuestra mente está llena de cosas pendientes:
- decisiones no tomadas,
- emociones no expresadas y luego reprimidas,
- pensamientos poco claros.
Es como tener demasiadas pestañas abiertas en la pantalla de tu computadora. Aunque no hagas nada con ellas, están ahí, consumiendo energía. En psicología se habla de rumiación mental. Es decir, ese rimar silencioso y continuo que nos quita energía sin que nos demos cuenta.
Organizarse no basta si antes no te aliviás
Organizar el día sirve, claro, pero si por dentro tenés desorden, planificar no alcanza. Es como intentar ordenar la casa sin antes hacer espacio.
¿El resultado? Todo está “guardado”, pero nada está resuelto de verdad. Antes de agregar otra técnica de gestión del tiempo, probá preguntarte:
- “¿De qué necesito en este momento?”
- “¿Qué me está ocupando espacio mental, aunque no sea urgente?”
Escribir no lo resuelve todo. Pero puede ayudarte a respirar mejor
La escritura por sí misma no es mágica, pero puede de todas formas resultar terapéutica.
Y no solo eso, puede convertirse en tu espacio de descompresión. Un momento en el que dejás de contener y empezás a soltar, aunque sea un poco. Escribir te permite ver lo que sentís, sin tener que solucionarlo a la fuerza.
Te ayuda a ganar claridad, a liberar la mente de aquello que todavía no encontró voz.
Escribir puede ayudarte a crear espacio mental
Cuando escribís, hacés al menos dos cosas a la vez:
- Le quitás peso a la mente, es decir, vaciás el «cajón» de los pensamientos.
- Le devolvés el orden al corazón, le das forma a las emociones confusas.
No hace falta mucho. No tenés que escribir frases lindas ni conceptos perfectos. Basta con empezar con una pregunta simple y tu mente se abre hacia el orden mental.
Acá tenés una que podés usar cada vez que te sientas lleno, o incluso ahora mismo:
“¿Qué estoy llevando dentro mío que pesa tanto?”
… … Escribí lo que te salga, tipo: Lo que me pesa es la procrastinación o la pereza.
O bien el enojo, el dolor y las decepciones.
No importa si escribís de manera confusa o solo una lista. A veces, solo poner negro sobre blanco eso que sentís, pero no decís, basta para hacer espacio en la mente.
Tres simples ejercicios de journaling para liberar la mente
Si te da ganas de probar, acá tenés tres modalidades que podés usar cuando sientas la necesidad de poner orden en tu cabeza.
1. El vaciado mental
Escribí sin parar todo lo que te dé vueltas por la cabeza. Sin filtro. Sin puntuación, si querés. Aunque sea solo por 5 minutos. Te va a ayudar a vaciar el ruido de fondo. Ese ruido que seguido nos impide estar lúcidos, felices y concentrados.
2. El diario de las emociones
Elegí una emoción que estés sintiendo hoy y empezá con: “Me siento enojado, frustrado, decepcionado, cansado, porque…” Recordá, el «porque» es importante cuando escribís. En cualquier caso, no busques una solución. Solo dejá salir lo que sentís.
Escribilo de manera natural, sin siquiera pensar demasiado en cómo estás escribiendo. ¡Escribí y listo!
3. La lista de las cosas que podés dejar ir
Escribí todo lo que hoy ya no te quieras llevar con vos.
Aunque no puedas cambiarlo, nombrarlo te alivia. Por ejemplo: hoy me gustaría ser menos… …cansado, desordenado, triste, pesado, confundido, etc., etc.
Cada vez que ponés negro sobre blanco, tu mente te va a recordar las cosas que escribiste. Esto podría incentivarte a hacer un cambio.
No todo tiene que ser resuelto. Algo puede simplemente ser aceptado
Muchas veces, quien escribe lo hace porque quiere respuestas enseguida, pero hay días en los que escribir sirve solo para tomar nota. Para admitir simplemente que estás cansado. Que no tenés todas las respuestas y que, por el momento, está bien así. Tener un espacio donde podés ser sincero con vos mismo sin filtros ya es transformador. Intentalo…
Escribir no tiene que ser una obligación. Es solo una manera de volver a vos. Para intentar entenderse y entender lo que te rodea. No tenés que escribir por obligación todos los días, pero si tan solo lo intentaras por unos días seguidos, vas a notar beneficios muy evidentes. Solo tenés que crear un momento en el que puedas estar solo o sola con vos mismo/a.
En el que ese «todo» pueda ser incluso el silencio.
Conclusión: no te hace falta acelerar. Te hace falta aliviarte
Seguido buscamos el cambio empezando desde afuera: nuevas técnicas, nuevas estrategias, nuevas soluciones.
Pero quizás lo que necesitás está mucho más cerca. Más simple y, sobre todo, al alcance de la mano. Quizás te hace falta un espacio. Un buen cuaderno de bolsillo y un momento para escucharte. Porque el tiempo que tenés no lo vas a poder aumentar, pero lo podés habitar mejor si dentro tuyo hay más respiro. Más orden. Y quizás escribir sea tu manera de empezar.
¿Te estás preguntando por dónde empezar? Probá con el generador de ideas que creé en la página de inicio. Si en cambio querés entender primero si escribir tiene verdaderamente sentido, entonces descárgate mi guía gratuita: 10 Motivos por los que deberías empezar a escribir.
Mientras tanto, te abrazo y nos vemos acá en el blog.
Dome
Ghost/Copywriter & Blogger